Carpa Maldita. Capítulo 12.

miércoles, 31 de agosto de 2016


12. Tu turno.
Faltaban pocos días para la gran cita anual bajo la Carpa y había llegado la hora de actuar. Madame Joie estaba preparando una invocación. Había pintado un pentáculo en el suelo de la pista y lo había rodeado de velas. Además de haber dibujado unos extraños símbolos que a Anke y a Mika se le antojaron completamente sacrílegos, pero no era tiempo de quejarse ni de tener escrúpulos.

—Estoy lista—avisó Madame Joie, apagando con un gesto solemne la última cerilla y colocándose frente al pentáculo con gesto severo.—. Llamad a los demás.

Mika salió fuera de la Carpa y trajo consigo a Frank y a Molly, la jinete y amante del forzudo del Circo. Todo debía quedar entre ellos y quizás el enorme hombre era de los pocos que apreciaba a los chicos y Molly era tan discreta que normalmente nadie notaba su presencia salvo cuando salía a la pista, pero la mujer apreciaba a Lester y lo bien que trataba a los animales y, por supuesto, a su marido y su peculiar sentido del humor.

Carpa Maldita. Capítulo 11.

lunes, 22 de agosto de 2016


11. Corazón de tres pistas.
Mimi daba vueltas en su cama molesta por un sueño. Aquel tenía mucho que ver con su dilema personal: Enzo se le aparecía en sueños donde tenía una cita romántica con él noche tras noche, sentados en un trapecio mirando las estrellas pero siempre, a mitad de la noche, justo cuando Enzo la besaba, aparecía Lester en el suelo, con los ojos tristes sobre un charco de sangre, Mimi intentaba agarrarle y entonces se caía al suelo, entre gritos.

Como cada noche desde que la había llamado el director para hacerle la propuesta era lo único que soñaba y tal como era costumbre se despertó entre gritos, bañada en sudor y con el corazón desbocado.

Advertido estás

martes, 16 de agosto de 2016

Nunca me cansé de repetirle que no se jugaba conmigo pero jamás me hizo caso. 

El que avisa no es traidor. Y yo se lo había advertido en varias ocasiones. Sin embargo ahí estaba él, retozando como Dios lo trajo al mundo con la mala pécora de la vecina.

Pura chispa para mi corta mecha.

Y mientras lloriquea como una niñita cuando le corto los dedos de la mano no puedo evitar preguntarme qué fue lo que vi en él. 

—¡Cállate ya, Norman!—pongo el cuchillo ensangrentado junto a mi cara a modo de advertencia—Ya casi he terminado...casi.
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