En blanco

viernes, 21 de febrero de 2014

Siempre había pensado que sabía a dónde quería llegar con todos sus trabajos. Había planeado bien el inicio, el desarrollo, el nudo y el desenlace y, sin embargo, no siempre podía ser así.

En aquella ocasión tenía claro a dónde quería llegar con su historia. Su protagonista era un tipo genial, a quien respetar, un personaje afable y simpático que haría las delicias del gran público. Le hizo pasar por un auténtico calvario pero, a pesar de todo, había logrado superar todas las adversidades y rehacerse nuevamente. 

Estaba en busca del final, a punto de llegar al cierre de su maravillosa historia y, sin embargo, había algo que no encajaba. Había un problema con todo ello. Algo le impedía avanzar. 

El autor se quedó pensado frente a la página en blanco. La barra negra que indicaba el inicio de página parpadeaba impaciente aguardando aquellas gloriosas palabras que conseguirían finalizar una historia épica que pasaría a los anales de la historia, aunque esto lo pensaba el escritor ya que, pese a todo lo que estaban diciendo, no sabía realmente cómo le iría a la novela en los estantes de las librerías y tratando de llegar al gran público entre el maremagno de oferta literaria actual.

Ahí estaba él, pensando, tratando de recordar aquella idea de a dónde quería llegar pero sin recordarlo fielmente. Trató de mirar algún apunte de los que tenía esparcidos sobre la mesa de trabajo, en ocasiones ordenados y a veces escondidos, doblados, tapados o utilizado de posavasos para la taza del café...pero aquello no iba a ninguna parte.

Estaba claro que, por una vez, sí había motivo real para preocuparse. No sabía a dónde quería llegar. Había llegado el terrible momento de estar en blanco.

Esa página que no avanzaba a ninguna parte y le devolvía una inmutable y gélida sonrisa nívea desde el monitor del ordenador. Burlándose de su capacidad creativa y de los miles de ejercicios que había hecho para conseguir llegar a dónde estaba.

No podía ser posible. Aquello no le ocurría a él, era un autor creativo, lleno de ideas y, sin embargo, parecía que las musas le había abandonado para siempre.

Su querido personaje le aguardaba en el fondo de la mente y tratando de salir de las yemas de sus dedos al contacto con las teclas plásticas del teclado...pero no había manera de conseguir parir una idea decente. ¿A dónde le quería hacer llegar? ¿Por qué no podía hacer el cierre de una historia tal como él lo pensaba?

Ante la frustración lanzó un bufido...se levantó de la silla y caminó del despacho a la cocina y viceversa, mientras trataba de repescar la idea que tenía cuando había iniciado la novela meses atrás.

Las musas podían ser unas zorras esquivas la mayoría de las veces. 

Volvió a la mesa y se enfrentó a la hoja virtual en blanco que le recordaba que no podía terminar, miró el reloj y el tiempo no parecía avanzar en absoluto...como su maldita novela. 

Y ahí estaba la línea parpadeante metiéndose con él. Lanzándole guiños presuntuosos, burlándose de él, el autor, el genio, el padre de personajes.

Necesitaba concluir su historia y no podía. El "reto de la página en blanco" solían llamarle a eso. Él lo denominaría de otra forma mucho más malsonante de lo que esperaría cualquiera siendo un hombre culto y educado. 

Necesitaba concluir su historia cuanto antes. Pensó tres posibles finales sin éxito, ninguno le parecía a la altura de lo escrito anteriormente. ¿Sería posible que no pudiera finalizar su historia tal como la había ideado? 

Si su historia no encontraba remate su amado hijo de papel no podría vivir ya que no vería la luz más que en relecturas de su carpeta de borradores.

Decidió concluirla de cualquier manera. Entrecruzó las manos e hizo chasquear los dedos con fuerza, se dobló sobre la pantalla y ...

...|

FIN
Escrito para la lista El Escritor de The Inspiration List.

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