Antagonista

lunes, 17 de febrero de 2014

No recordaba ni como había llegado hasta aquel lugar pero era en el que se encontraba. Frente a él una puerta giratoria de madera pintada de un desgastado color verde musgo que, antaño, quizá era un verde más lustroso, tipo hierba, pero que con el desgaste de los años se había ido ajando.

Desde el interior sonaba la alegre música de una de aquellas pianolas importadas que tanto se habían puesto de moda y el jolgorio de varios parroquianos mezclado con cantarinas risas de mujeres que, seguramente, no estaban allí practicando actos piadosos. Así que cruzó la puerta y se hizo el silencio.

Los clientes de aquel local se quedaron congelados al verle, algunos se habían quedado con el whisky a medio beber, a otros la cerveza les rezumaba por los bigotes y a otros se les habían caído los vasos cuando él había hecho su entrada. Con cierta sorpresa miró alrededor y sólo notaba ojos sorprendidos sobre él y miradas furtivas de terror entre los presentes.

Miró al concertista que estaba junto a la pianola y le hizo un gesto con la cabeza, éste, al instante, comenzó a poner en marcha el invento y siguió tocando y sonriendo como si nada. El resto de parroquianos volvieron a sus charlas aunque sin dejar de echarle miradas a escondidas.

Sabía a qué se debía esto, sabía por qué estaba en esa situación. Siempre le había tocado ser "el otro", el villano, el malo de turno, el feo, el que nadie quería que estuviese allí. El mal necesario. Y no por voluntad propia, no, ya que no era lo que el soñaba de niño, el quería ser un sheriff, el tipo bueno al que a todos gusta pero este era el papel que le habían asignado.

Antagonista.

Una palabra sencilla y un poquito rimbombante para definir una vida de penuria plagada de sinsabores, sin admiración y sin cariño de los demás. Temido y odiado a partes iguales por todos y, sin embargo, sin él no habría historia, sin él el bueno no podría ser tan bueno, ni podría tener éxito ni protagonizar su historia de grandes logros.

En realidad, reflexionó, él lo era todo. Era la clave, era casi más protagonista que lo opuesto. La parte realmente válida de la historia y, de pronto, tuvo esta revelación y rompió a reír a carcajadas ante la mirada aterrada de los demás.

Se giró en la barra con una sonrisa, apoyando los codos en ella y contemplando las miradas de todos los presentes con una actitud desafiante. Ya no le importaba que no le quisiesen o que le temiesen, ni ser el bueno del cuento porque él era La Historia. Le daba todo igual, apuró su whisky de un solo trago, escupió desafiante al suelo y salió de nuevo a la calle principal cruzando las puertas giratorias.

En medio del camino le espera el, el guapo, el bueno, el valiente sheriff del pueblo. Y rió a carcajadas mientras le apuntaba con la escopeta  desde su flamante y blanquísimo caballo. Sonrió, desenfundó su arma y se oyó un disparo.

Ni el enterrador comprendía porque aquel temible forajido había muerto con una sonrisa dibujada en su duro rostro.

FIN
Escrito para la lista El Escritor de The Inspiration List.

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