Efímera alegría

domingo, 4 de agosto de 2013

La brisa lo balanceaba de un lado al otro del espacio haciéndolo danzar con alegría en el cielo. En su cuello, anudado como una corbata estaba un cordón de hilo que le mantenía aferrado a él de por vida.
De vez en cuando, el cordón se tensaba, se sacudía y le provocaba un sobresalto y, durante unos instantes, el suave mecer del aire se convertía en un tornado de golpes acompañado de un estruendoso griterío y una profusa carcajada.
Cuando todo volvía a la calma, miraba al cielo y suspiraba. Las nubes también se mecían en el aire y se deslizaban por aquel inmenso azul infinito en completa libertad. La vida no podía serle más amarga.
El globo volvió su vista abajo, hacia el extremo final del cordón, esa terrible cadena que le oprimía y le apresaba y miró a su captor, con las mejillas sonrosadas de la emoción y la vista clavada en él con un extraño brillo en los ojos. Cerró los ojos y se preparó para otra precipitada sacudida. Ya le iba conociendo, le gustaba torturarle para su disfrute.
Las carcajadas le estallaban en sus oídos. Nunca, desde su nacimiento, había conocido la libertad y, sin embargo, la añoraba tanto que le era insufrible. 
Contempló a los pájaros que surcaban el cielo y suspiró. Jamás sería libre, condenado a vivir atado a un rollizo infante desalmado.
Y, de pronto, notó como abajo la tensión se aflojaba y escuchó un grito desgarrador y luego un llanto desesperado y se sintió flotar. El globo no comprendió lo que ocurría hasta que volvió la vista hasta el final del cordón, suelto y flotando bajo él, bailando con el aire y abajo, muy abajo, empequeñeciendo, su joven captor lloraba de amargura alargando su mano sin éxito con el fin de alcanzarle y, por primera vez en su vida, se sintió libre y feliz durante unos segundo hasta que una extraña punzada de añoranza le atacó al ver al pequeño empapado en lágrimas.
El globo suspiró, se dejó mecer por el aire y murmuró un "lo siento" que nadie oyó. Y un pensamiento le recorrió la mente "soy un globo, no tengo brazos ni piernas para volver" y, finalmente, en una inmensa revelación se dio cuenta de que, en realidad, él era así. 
Y el globo se giró hacia el niño desde muy arriba en el cielo, y aunque este jamás le oyó, le dijo:
- Soy un globo, nací para escapar, para ser una efímera alegría en tu vida hasta conseguir mi libertad.

FIN
Escrito para Lista el Mago de Oz de The Inspiration List.

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