The Fang Game Series T1x05

sábado, 5 de enero de 2013

INQUIETOS
Había algo raro en el ambiente. Erin podía sentir que la muerte estaba acechando en cada rincón y eso no era bueno. Había pasado un día desde que había dejado a Mark en casa de sus padres y no había visto a Marcus por ninguna parte aquella noche, ni siquiera le había sentido cerca como las noches anteriores.
La vampiresa se dejó caer por la gasolinera y se metió en la oficina sin siquiera saludar a Will que atendía a unos clientes en el mostrador.
Erin estaba preocupada.
No era una preocupación por lo que pudiese pasarle a los chicos del pueblo, entiendase, ni una preocupación tipo madre con hijos en apuros. Era algo más profundo, un temor a que todo el sistema establecido se viniese abajo.

Llamó a la cafetería donde trabajaba Mark y allí no cogía nadie. Aquello era más que raro, normalmente a esas horas el café estaba abierto. Salió hacia el Cocoa & Vanilla a buscar a Mark pero se encontró el establecimiento cerrado aunque no había ningún cartel que indicase por qué. 
Aquello pintaba mal. 
Erin apareció en un abrir y cerrar de ojos antes la casa de Mark. Se encontró allí con restos de cristales rotos junto a un árbol y la casa cerrada. En torno a la zona había unas cintas de No Pasar de la policía. Un accidente.
Erin pasó de los avisos y entró en la casa. De inmediato reconoció el olor de una presencia. Marcus.
El vampiro había estado allí. No podía ser que aquel chico fuese tan estúpido como para mirar a un vampiro a los ojos pero, meditó Erin, era humano y los humanos  no deslumbraban por su brillantez. Si Marcus le había hechizado se lo habría llevado entrando directamente en la casa y por el rastro a sangre que había en el aire (un extraño olor a cobre muy sutil en el ambiente de la casa) se había dado un festín.
Bien, aquello explicaba el cordón policial. Lo vampiros era expertos en encubrir sus orgías sanguinarias y hacerlas parecer accidentes normales y corrientes. Seguro que Marcus había tapado su visita con un bonito y estrambótico accidente de coche.
Erin se había puesto en lo peor aunque lo más probable: ¿Y si le había cogido? Un telépata en manos de vampiros. Eso podía suponer un problema para todos, un chico como Mark con aquel poder, un diamante en bruto que podía utilizarse para mil cosas era algo que probablemente causase más de una pelea y más de un golpe de estado y en seguida hubo un nombre que destacó en la mente de Erin.
Ella.
Estaba segura de que si ella se interesaba en tenerlo podría utilizarlo en contra de todos.
Los vampiros corrían peligro, sí. Y, aunque Erin no quería reconocerlo, aquello iba a ser peor todavía para los humanos.
Si ella le tenía las cosas iban a cambiar, mucho y para mal.
Erin volvió a la gasolinera. Entró, puso el cartel de cerrado, le hizo un chasquido de dedos a Will apremiando a que le diese puerta al tipo al que estaba atendiendo y le siguiese a su despacho.
Will entró en un par de minutos, sorprendido.
- ¿Qué pasa?
- Han secuestrado a tu amigo. Tenemos un problema.
- ¿Sabes quien ha sido?
- Marcus. Y tengo la sospecha de a quien se lo puede llevar. Si es lo que pienso, vamos a tener una guerra. Si ella se mete a pujar por él va a morir mucha gente. Míos pero sobre todo, tuyos.
Will entendía que esa gente eran vampiros y humanos, había empezado a comprender a qué se refería la vampiresa con sus cosas en los últimos años pero no tenía especial interés por meterse en una guerra entre vampiros y eso era lo que parecía.
- Vamos a tener que afinar tus poderes. Espero que estés engrasado porque vamos a tener que hacer unos cuantos conjuros para llegar hasta Mark antes que ella.
- Y esa ella ¿la conozco?
- No. Y me gustaría que pudieses seguir sin conocerla. Es una persona a la que odio. Es el ser más cruel, horrible y sin sentimientos que conozco. Tiene el corazón de piedra.
- Creo que no me va a gustar.
- Ya. Se llama Astrid. Es mi creadora.
Y Will pensó que si la misma Erin odiaba a la que se podía considerar su madre, mejor era apartarse del camino de aquella tía. Durante un segundo el chico pensó que sería mejor que Mark hubiese muerto. 
- ¿Es tan terrible como dices? - no estaba seguro, en realidad, de querer saber aquello.
- Bueno, digamos que a su lado Hallie es una tipa cabal, amable y jovial.
Continuará...

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