Superviviente

domingo, 9 de octubre de 2011

Desde que todo había empezado, el mundo se había vuelto completamente loco.
Ya no era raro ver a grupos de personas huyendo unos de otros o persiguiéndose hasta darse muerte, cazándose como vulgares animales.
Todo el mundo temía a todo el mundo y la gente estaba aterrorizada y hambrienta. La comida escaseaba y, cada vez, había más peleas por conseguir alimentos.
Él también tenía hambre. Al principio, cuando todo comenzó, había conseguido comer fácilmente pero, a medida que la infección se extendía, cada vez era más difícil conseguir alimentos y, cuando alguien localizaba algo se llevarse a la boca, todos los demás acababan enterándose y, entonces, comenzaban las peleas y, con suerte, conseguías comer algo.
Hacía días que no había comida en las tiendas, los centros comerciales estaban vacíos. Era difícil ver a personas que no estuviesen infectadas. Todos se escondían para que los infectados no les encontrasen. Para no acabar también infectados.
Hacía mucho tiempo que él no tenía miedo, sólo hambre. El hambre era lo que le impulsaba a moverse por zonas consideradas peligrosas pero necesarias. Lugares como supermercados, tiendas de alimentación, donde, en ocasiones, era difícil no encontrarse con infectados pero cada vez más complicado encontrase con gente normal.
Ya no sabía en qué día estaba ni que estación del año era, ni siquiera el año en el que se encontraba. Ya sólo sentía hambre. Ni siquiera recordaba bien a su familia. Tenía una mujer y dos hijos pero eran algo nebuloso en su mente. Recordaba que los infectados habían entrad en su casa y habían atacado a su mujer y a los niños, él no había podido hacer nada, paralizado por el terror. Varias horas después huyó por la puerta y comenzó a vagar intentado sobrevivir.
No recordaba la última vez que había comido. Se encontraba débil y le costaba caminar. Se arriesgó a ir hasta el supermercado. Allí esperaba encontrar algo. No quería atraer a los infectados, aunque era probable que estuviesen cerca.
Allá por donde pasaba tenía la sensación de que miles de ojos le seguían, en ocasiones escuchaba pasos o gruñidos que le indicaban que los infectados estaban cerca. Cuando en una zona no se oía ni un alma también era mala señal. Incluso, en ocasiones, se escuchaba algún grito desgarrador proveniente de algún lugar próximo, signo de que alguno había alcanzado a una de sus presas. Él tenía suerte, era un superviviente, y sólo tenía que ocuparse de que los infectados no le siguiesen los pasos.
Al entrar comprobó que no había nadie cerca. Caminó poco a poco, revisando las estanterías. La zona de comida estaba saqueada. Casi todas las latas habían desaparecido, los productos frescos hacía tiempo que habían caducado y emitían un nauseabundo olor. Algunas ratas corrían entre los estantes. Al cabo de un tiempo se dio por vencido y comenzó a dar la vuelta rumbo a la puerta, desanimado.
Entonces la vio.
Una chica estaba metiendo en una mochila algunas latas abolladas y algún botiquín. Comenzó a avanzar hacia ella, sin hacer ruido. Estaba muerto de hambre. Algún sonido debió delatarle justo cuando se acercaba a ella porque se giró tensa como un conejo que ha escuchado un águila. Ella sabía lo que él quería y le tiró una lata a la cabeza con fuerza y echó a correr. Él comenzó a correr tras ella y ella, desesperada, tiró la mochila. Las latas cayeron y rodaron por el suelo. Él corrió tras ella, tropezando con algunas de aquellas latas. La chica gritó y él gruñó, lamentando que hubiese llamado la atención de los infectados.
Así fue.
Dos de ellos aparecieron por la puerta, con los ojos desorbitados y las ropas rotas y ensangrentadas, la chica dudó un momento para calcular la salida. Ellos siguieron avanzando hacia ella y él corrió para llegar primero pero ellos fueron más rápidos. Comenzaron a morderla y a comer su carne mientras ella chillaba y forcejeaba. Él se paró ante aquella visión pero, finalmente, se agachó junto a ellos y comenzó también a comer. Al menos, durante ese tiempo ya no sentía hambre.
Cuando acabaron con ella se levantaron y se fueron caminando sin rumbo, nuevamente. El hambre empezaba a surgir otra vez, no recordaba cuanto hacía que había comido así que vagó, intentando que no le viesen los otros infectados. Así toda la comida sería para él.
FIN

2 comentarios :

  1. Guau. Es una mezcla entre la peli "The Road" el libro de "Soy Leyenda" ( lo tengo que retomar, por cierto) y "The Walking Dead" jajaja. Me ha gustado un montón, se lee muy fácilmente y engancha.

    Besotes.

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